Mis cuentos
para el pequeño Álex

Hace muy poquitos días cumpliste cuatro años. Volviendo la vista atrás, mentiría si te dijera que ha sido un espacio de tiempo sencillo.

Tu llegada al mundo fue una bendición, lo más bello que he vivido nunca. Pero, por contra, fue para mí una época con muchísimo trabajo -más del que quise- donde no pude (o no supe) estar todo el tiempo que nos necesitamos.

Mamá y yo ideamos una fórmula para poder compatibilizar el hecho de estar contigo y trabajar. Y fue tener todo en el mismo edificio: su consulta, mi oficina y nuestro hogar. Tres espacios diferentes en tres plantas distintas que no se comunicaban entre sí pero que nos hizo poder ir uno a otro en apenas segundos. Aquel primer hogar conjunto que ahora llamamos «la casa de Madrid» y que hace unos meses cambiamos por «la casa bonita».

Aquí estamos mucho mejor. Tenemos infinitamente más espacio donde corretear contigo, ¡hasta podemos saltar en una cama elástica! Aún no sé si siento que me he perdido algunas cosas de tus primeros cuatro añitos. Aunque supongo que el simple hecho de que esto ronde en mi cabeza ya implica su propia respuesta.

Estoy mucho más satisfecho en este momento y lugar. Siento que -ahora sí- puedo acompañarte a crecer.

 

Hola, cariño.

Probablemente cuando estés leyendo esto tengas cinco o seis años. O aún mejor, puede que sea yo mismo quien te esté leyendo esto antes de acostarte. Lo primero que te preguntarás es por qué te he llamado Chitico. “Mi nombre es Álex, papá”, seguro que estás pensando.

Quiero contarte por qué te llamamos así.

A los bebés, al nacer y durante sus seis primeros meses de vida, les cuesta mucho enfocar bien la vista y mover los ojos a la vez. Así que parece que bizquean. A tu primita Luna le sucedió lo mismo, ¡es muy gracioso porque no sabíais dónde poner la vista, sobre todo cuando alguien se acercaba mucho a vosotros! 🙂

Partiendo de bizco empecé a llamarte bizcochito. De bizcochito pasé a Chito. Y de Chito a «Chitico», más cariñoso 🙂

Así que, por eso, desde casi tu nacimiento, tu mami y yo te hemos llamado Chitico entre nosotros. «Hoy voy a llevar yo al Chitico a la escuelita» o «¿Qué plan hacemos con el Chitico este fin de semana?» son frases que hemos pronunciado cientos de veces.

Te quiero.